Grandes planes, objetivos definidos

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Es más fácil dar a un sólo pájaro bien apuntado que acertar a alguno en un grupo (antes de que se indigne nadie, que quede claro que es una metáfora). Hay causas tan grandes y difusas que cada cual mete en el saco lo que más le cuadra, y acabamos adoptando las etiquetas con todos sus agregados, tanto para definir a otros como a nosotros mismos. Y se me ocurre (a mí, que habrá quien disienta) que igual se nos va un poquito de las manos.

Ejemplos de estos mejunjes son los “brazos” o asociaciones del ecologismo, como el animalismo, el activismo, el feminismo o la izquierda política, y todos merecerían cuanto menos discusión. Pero, intentando ser consecuente, me centraré en uno: el feminismo.

Mi elección se debe a que me he encontrado opiniones diferentes a la mía y bien justificadas, así que probablemente pisa un terreno más polémico -o menos claro- que otras opciones; y porque es un tema de relativa actualidad, con la pasada conferencia de la ONU sobre cambio climático (COP25) muy marcada por el desafío feminista.

Fuente: http://womengenderclimate.org/category/news/

Antes de nada, entiendo las razones de arrastrar el movimiento ecologista (que, según la RAE, es un “movimiento sociopolítico que propugna la defensa de la naturaleza y la preservación del medio ambiente”, no “perroflautas con rastas que se atan a árboles”, que es una etiqueta que se atribuye a veces con demasiada soltura) hacia el feminismo: cuantas más personas estén formadas y tengan libertad de acción, más fácil será que se mejore la economía de modo sostenible, disminuya la desigualdad o se controle la natalidad, entre otros. Por otro lado, los objetivos de desarrollo sostenible 2030 muestran un plan de acción multidireccional, que incluye varios puntos en materia de ecología, economía, educación y feminismo, y es en esa dirección en la que tenemos que movernos.

Fuente: https://www.lifeadaptamed.eu/?p=1251

Pero creo que para que un plan funcione bien hay que dividirlo en subobjetivos bien definidos y abordables, sobre todo cuando depende de un consenso entre naciones de culturas tan diversas como es una cumbre de la ONU. Así que titulares del orden “Avances en igualdad de género en la COP25” me generan sentimientos encontrados; Me alegro, como mujer occidental feminista, de que haya avances en igualdad, pero tengo idea de que los avances en cuanto a política de emisiones no han sido muy alentadores. Y tengo mis dudas sobre hasta qué punto la falta de foco ha podido influir en los resultados.

La igualdad no creo que sea ni el único ni el factor más importante ante la amenaza del cambio climático. El reto de la brecha entre ricos y pobres también está ahí, y el reto de conseguir un sistema global justo y sostenible. Ahora, si una de las direcciones de lucha actúa como factor limitante, creo hay que priorizar o buscar alternativas. El feminismo produce rechazo en muchas personas y en muchas culturas, y el ecologismo, por su lado, también. A mi parecer, eso hace que en los casos en los que haya un rechazo a una de las partes y una visión neutra (o incluso positiva) de la otra, el efecto neto es un rechazo del conjunto. En ese sentido, quizá nos vendría bien una revisión de estrategia.

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