Internet, burbujas y concursos de pollas

Antes de nada, tranquil@, este post no tiene nada que ver ni con competiciones ni métodos para alargar partes del cuerpo. Tampoco tiene contenido explícito más allá del expresado en el título 😉

El hecho en sí de que esté escribiendo este post en este momento, después de casi dos años como blogger, habla por sí mismo de la importancia que tiene para mí Internet en todos los ámbitos: empecé y sigo con él por puro afán de diversión a través del aprendizaje e investigación en temas que me interesan.

Sin seguir ninguna estrategia ni objetivo marcado, me ha proporcionado impagables beneficios colaterales: la posibilidad de colaborar con organizaciones de mi actividad profesional -una de ellas, la mejor colaboración posible dentro de Internet-, me ha abierto la puerta a trabajar para empresas o ser invitado a eventos importantes dentro de mi sector.

Te cuento esto como ejemplo real de que sí: Internet es el signo de los tiempos y no estar en él significa perder unos vagones importantes del tren. Un nuevo medio de comunicación, como lo fue quizá el periódico tiempo atrás. Ni más ni menos, para lo bueno y para lo malo. Si no, mira esta imagen que ví en Twitter:

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Como elemento del día a día, Internet y las redes sociales debes conocerlos, entenderlos y saber manejarlos de forma que -y esto es lo más importante y difícil- cumplan su misión como herramientas para tus propósitos: profesionales, de difusión de una obra que haces como hobby, de aprender o estar bien informado sobre lo que te interesa, de comunicarte con tu gente o de ligarte al compañer@ de clase que tanto de gusta.

Internet también tiene burbujas.

Como digo, conseguirlo es difícil: aún controlándolos, es muy fácil que te desvíes de tus propósitos sin darte cuenta, por los instintos que se estimulan en el cerebro humano. Internet y, sobre todo, las redes sociales “son golosas”.

Notarás que te estás alejando de tus propósitos, por ejemplo, cuando en lugar de usar Twitter para buscar y difundir información, llega un momento en que te ves más pendiente de cuántos seguidores tienes o si tal o cual persona u empresa/organización lee lo que escribes; cuando en lugar de estar charlando o saber de tu gente por Facebook, entras sólo para pasar el rato con sus juegos o aplicaciones; o cuando te has dejado de hablar con es@ chic@ de clase que tanto te gustaba, a cambio de cualquier desconocido detrás de un sugerente avatar que posiblemente sea falso.

En ese momento: dedicas más tiempo a cualquier cosa que a tu objetivo inicial. Internet, lo que debía ser una herramienta, se ha convertido en un fin en sí mismo.

Los buenos propósitos con los que diste de alta tus cuentas en cada red se han sustituido por otros con poco de interés real y que se miden por números totalmente virtuales, efervescentes. Estás en la “fase burbuja” de Internet, capaz de hacerte creer que lo último es reunirte en persona con tus compañeros de trabajo, en lugar de usar la video conferencias o nuevos medios de comunicación, sólo porque es la tendencia que han descubierto algunos que están cansados de tecnología o yo qué se por qué.

old_radio_dialDebes saber detectar ese momento. Si lo haces, tendrás casi resuelto el problema.

Yo todo esto me lo imagino como el dial de una radio antigua: debes sintonizar bien dónde quieres estar para enterarte bien de las cosas y afinar con precisión, si no quieres desviarte y que el ruido enmascare totalmente lo que quieres oir.

La sutil línea que separa un debate de un “concurso de pollas”.

Especial cuidado hay que tener cuando se trata de un servicio de Internet donde estás presente con tu perfil profesional. La red social profesional por excelencia es LinkedIn. Aquí te juegas algo más que tu tiempo, perder en cualquier juego online o que aquel chic@ de clase pase de tí.

He visto innumerables debates sobre determinado tema profesional que han empezado bien, han ido creciendo en aportaciones y participantes muy interesantes, ha empezado a haber distintos puntos de vista que han sido replicados, luego contrarreplicados, y contracontrarreplicados hasta que en un momento dado hay un “clic” que convierte el debate en puntos de vista muy personales, intento de imponer criterios, comparar conocimientos y experiencias y por último descalificaciones de los argumentos de los demás.

Stress_strain_curveEn algún punto de la conversación, el debate se ha convertido en “un concurso de pollas” que como lector no te aportará nada en relación al tema inicial. Al contrario, puede ser algo desagradable.

La visualización de ello es como la curva de elasticidad de un material: en un momento se estira tanto que rompe, llevando a cero su utilidad.

Pero lo peor de ello es que te veas implicado como participante: tu actitud y aptitud son observadas por muchas personas de tu entorno profesional. Aunque sientas que te has salido con la tuya en la discusión, tu imagen y prestigio habrán quedado marcados en una red que consultan la inmensa mayoría de empresas a la hora de buscar empleados.

Piensa bien cuando quieras participar en un debate. Si lo haces, asegúrate de permanecer en la “zona elástica” que te permite conservar tu imagen intacta o mejorada.

Internet, sus burbujas y sus concursos de pollas. Como en la vida misma…

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