Infraestructuras inversas, cuando los anti sistema tiran del carro

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Fuente: edX-DelftX

Por un lado está la acera pavimentada. Es parte de una extensa red viaria que ha seguido un proyecto. La red es de propiedad pública y su gestión está centralizada en organismos superiores: las administraciones locales en este caso que se encargan también de su mantenimiento.

Al lado, hay un sendero que no es fruto de ningún diseño o proyecto, si no del uso espontáneo que han ido haciendo primero uno y luego muchos más ciudadanos. Es fruto de la autorregulación; es el camino deseado que ha surgido en respuesta a un mal diseño. Se mantiene con el propio uso de los peatones que pasan cada día por él.

Situaciones similares a la de esta acera hay muchos más y de mayor alcance. Piensa en la gente que está viviendo casi totalmente fuera de las redes de suministro, en reacción a cómo está organizado el suministro de servicios básicos (agua, electricidad, comunicaciones, vivienda,…).

Otro ejemplo de plena actualidad: el servicio Uber de vehículos compartidos que está introduciendo un modelo disruptivo de movilidad, y muchas preocupaciones al sector del taxi.

Casos como estos se están produciendo en todo el mundo y en los cuatro grandes sistemas de infraestructuras: energía, transporte, agua y tecnologías de la información y comunicación.

No se trata de acciones anti sistema, ni de rebeldía, ni nada parecido.

Nada de eso. Este tipo de infraestructuras emergentes están perfectamente identificadas y son estudiadas desde hace años -no muchos, eso sí- en las universidades [1] como modelo de servicios innovadores, disruptivos en muchos casos. Se llaman infraestructuras inversas, y surgen de la tensión con una administración que normalmente ha hecho una mala gestión. Son la respuesta a sistemas mal establecidos.

Las infraestructuras inversas suelen estar impulsadas por los usuarios aprovechando los vacíos legales, y se convierten en competencia de actores asentados y bien madurados en el mercado que ven amenazados sus intereses comerciales. Esto genera tensiones y abre procesos de cambio que implican a los más altos organismos.

Lo que resulta paradójico es ver cómo, mientras por una lado se estudian las infraestructuras inversas como modelo de desarrollo, muchos de los actores madurados -y bien madurados- desde hace años en los distintos sectores siguen pensando que las infraestructuras inversas y otras iniciativas disruptivas son acciones de gente anti sistema que se resuelven con los métodos existentes. No se detienen siquiera a hacer una adecuada definición de problemas y un análisis de actores con los que se enfrentan.

Es el signo de unos tiempos de muchos cambios; cambios disruptivos en el caso de muchas infraestructuras. Unos ven gente anti sistema a los que hay que meter en vereda, otros infraestructuras inversas como modelos de progreso.

Allá cada cual…

Bibliografía:
[1] EDX.ORG. DelftX: NGI101x Next Generation Infrastructures. 6.5 Inverse infrastructures: Self organized infrastructures. Junio 2014. https://courses.edx.org/courses/DelftX/NGI101x/1T2014/courseware/c8f309fe5da7480dab01486ea5932b53/2aa56a3128cd46eba987b03b3b7bb9e0/. Consultado el 11 junio 2014

4 comentarios sobre “Infraestructuras inversas, cuando los anti sistema tiran del carro”

  1. Es el principio más básico de la vida, la energía gastada para conseguir la presa debe ser inferior a la obtenida. Aunque nos empeñemos en diferenciarnos de los animales seguimos aplicándolo de un modo inconsciente. Si los administradores del dinero de los demás lo tuvieran en cuenta no tendríamos un sistema publico tan anquilosado e inútil.

  2. Hola Iván 🙂 En el caso de las infraestructuras urbanas, la funcionalidad y la empatía con el ciudadano no han sido valores muy predominantes en los proyectos urbanísticos, especialmente en los años de “riqueza». Han primado otros valores que, poco a poco, van quedando en evidencia por la imposición de principios muy básicos, como dices.

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