La bicicleta en la ciudad: mucho más de lo que imaginas. El caso de Copenhagen

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Dinamarca es el típico país utilizado como ejemplo cuando se habla de aspectos tan apreciados como la educación, equidad en el reparto de riqueza, competitividad, transparencia, desarrollo sostenible, energías renovables, democracia, libertad, condiciones laborales… De hecho, Dinamarca ocupa posiciones destacadas en muchos de estos anhelados rankings [1]. Durante mi experiencia invernal en el país nórdico he podido comprobar algunos de estos aspectos de primera mano. Y si, es un país del que se puede aprender mucho en estos ámbitos.

Sin embargo, de entre todos los indicadores típicamente otorgados a Dinamarca —en este caso a su capital, Copenhagen— hay uno que por su impacto cuantitativo y cualitativo me parece absolutamente disruptivo: la bicicleta, su uso y concepto.

La idea que se tiene a priori es de que allí la bicicleta se usa mucho, que es un medio muy implantado y que la gente está acostumbrada a utilizarla. Y es verdad. Pero cuando tienes la oportunidad de comprobarlo a pie de campo, como un usuario más de la bicicleta para ir al trabajo diariamente o desplazarte por la ciudad por cualquier motivo, es más fácil comprender el auténtico impacto que la bicicleta puede tener para una ciudad, con Copenhagen como caso de análisis.

La infografía a continuación —extraída de este artículo de un escritor y fotógrafo llamado Alex Berger, y que me ha gustado especialmente por la utilización de fuentes y referencias solventes— resume el alcance en cifras de la bicicleta en la capital danesa [2]. Las figuras son auto-explicativas de hasta qué punto llega el uso de la bicicleta. No es sólo que se use mucho: es que hay bastantes más bicicletas que habitantes, cinco veces más bicicletas que coches, el 63% de los miembros del parlamento usan la bicicleta diariamente para ir al trabajo, más de 400 kilómetros de vías urbanas para bicicletas, el alto nivel de seguridad percibido por los usuarios…

(…sigue tras la infografía…)

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Un día cualquiera, pasando por uno de los principales puentes de la ciudad (el de acceso al barrio de Nørrebro), el hito de la foto —uno de los muchos que hay distribuidos por la ciudad— me informaba que era el ciclista 14.675 que pasaba por ese punto de ese día, y el 624.103 en lo que va de año.

El perfil de usuario de bicicleta abarca todo tipo de ciudadan@s: trabajadores y estudiantes yendo a diario a su lugar de trabajo/estudio, jóvenes bien preparados para salir una tarde/noche de fin de semana, madres y padres llevando a sus hijos a la escuela en una cargo-bicicleta o los propios chicos yendo en bicicleta cuando su habilidad ya se lo permite, elegantes señoras y caballeros a sus destinos, carteros haciendo el reparto con una cargo-bicicleta adaptada y cargada de envíos postales,… Y esto en los meses de invierno, imagina en épocas del año con clima más apropiado…

Este uso masivo de la bicicleta es posible en combinación con otros dos aspectos clave e interdependientes: las infraestructuras urbanas y la concienciación de todas las partes interesadas (ciclistas, conductores de vehículos, peatones, gobernantes de la ciudad)

La bicicleta es una prioridad en el urbanismo de la ciudad. Su posición dominante en las infraestructuras se puede observar tanto en las principales vías del centro de la ciudad implantadas así desde hace años, como en los proyectos de nueva construcción pensados para asumir las demandas más exigentes de movilidad presentes y futuras. El espacio público destinado a la bicicleta es en muchos casos asimilable o incluso superior al espacio destinado al resto de vehículos. Sin embargo, dado el volumen reducido y capacidad de maniobra de la bicicleta, la superficie dedicada a este medio en términos absolutos facilita en la práctica un volumen de tránsito de proporción geométrica. Es decir, mejor movilidad por unidad de espacio urbano disponible: Movilidad eficiente.

Cuando se habla de infraestructuras hay que tener en cuenta las vías de circulación, pero también aspectos colaterales y necesarios como el equipamiento, el mantenimiento, las regulaciones o el propio sistema de tráfico. En las siguientes fotos muestro algunos de estos aparcamientos, semáforos, señalización horizontal y vertical, rampas para bicicletas para acceder a distintos niveles de la ciudad (puentes, pasos inferiores, zonas subterráneas,…)…

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La siguiente foto es muy significativa porque, además de representar bien el uso masivo de las bicicletas y algunos ejemplos de sus infraestructuras (semáforos, marcas viales y regulación), sirve para evidenciar el tercer elemento necesario para que el sistema funcione: la concienciación de los usuarios. En este caso, se puede observar el respeto de los ciclistas a cada uno de los carriles y direcciones de circulación, marcados con la señalización horizontal y vertical.

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Pero el respeto es de todos los usuarios de la vía pública: ciclistas, conductores de vehículos pesados y peatones. Uno de los momentos en los que mejor se puede observar la actitud de los usuarios es en los “ceda el paso” que realizan con una máxima paciencia, previsión y precaución los conductores de coches y otros vehículos. Claro, el ciclista puede ser perfectamente un amigo, familiar, un hijo,… del conductor.

Sólo con la combinación de adecuadas infraestructuras urbanas y concienciación de los usuarios, se alcanza el nivel de seguridad y uso masivo de la bicicleta que reflejan las estadísticas. Los tres elementos son interdependientes y funcionan en bucle: a más usuarios de bicicleta, más justificación para implantar infraestructuras y más actitud de los ciudadanos.

Los resultados son un beneficio para todas las partes afectadas: la ciudad como organización y sus gobernantes, usuarios de bicicletas y otros usuarios de las vías públicas y ciudadanos en general. La bicicleta mejora la movilidad y resuelve unos de los problemas más importantes de las ciudades: la saturación del tráfico rodado y la polución del medio ambiente. Por eso, la bicicleta es un asunto de ciudad, respaldado desde hace décadas por los gobernantes, independientemente de la tendencia política. Para los usuarios de bicicleta, supone una disminución de tiempo y dinero invertidos en los desplazamientos por la ciudad.  Para todos los usuarios de las vías públicas, la bicicleta es un medio de transporte que facilita la seguridad vial y no contamina el medio ambiente con ruido ni emisiones tóxicas a la atmósfera. Hay otros beneficios colaterales: se practica deporte, se disfruta más de los trayectos y de la ciudad, se genera un entorno agradable.

En el contexto actual en que se encuentra el mundo, las ciudades que como Copenhagen apostaron e implantaron un sistema centrado en este tipo de movilidad, se encuentran en posición de auténtica ventaja competitiva. Un caso a tener en cuenta.

Referencias:
[1] WIKIPEDIA. 27.nov.2015. International rankings of Denmarkhttps://en.wikipedia.org/wiki/International_rankings_of_Denmark. Consultado 10.mar.2016.
[2] ALEX BERGER. Danish Bike Culture Is Even More Amazing Than You Thought. VIRTUALWAYFARER. 11.sept.2014. http://virtualwayfarer.com/danish-bike-culture-is-even-more-amazing-than-you-thought/. Consultado 10.mar.2016.

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