Clint Eastwood: Algo que ver con la vida

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Unas de mis películas preferidas son las que forman la denominada “trilogía del dólar“, la serie de tres películas dirigidas por Sergio Leone en la década de 1960: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precioEl bueno, el feo y el malo, redondeadas por una obra maestra del western, aunque esta no forma parte de la trilogía: Hasta que llegó su hora.

Once-Upon-A-Time-in-the-West1Son películas que, aparte de otras cualidades que reúnen las grandes obras, trasmiten muchos valores auténticosNo es el nuestro un tiempo de grandes hombres ni grandes valores.

Sin embargo, a veces ocurren cosas que, aunque hay que interpretarlas adecuadamente, te recuerdan los valores auténticos, las grandes personas. Te sientes bien, aunque sea una cosa de lo más normal.

La semana pasada (aquí tienes la noticia), en una cena durante un torneo de golf en California, el organizador del campeonato, Steve John, “se lleClint_Eastwoodvó a la boca un trozo de queso y, de repente, no podía respirar“. Por suerte para él, Clint Eastwoodrubioel mancoJoeel hombre sin nombre, estaba invitado al torneo:

“Le miré a los ojos y vi esa mirada de pánico que tiene la gente cuando ve su vida pasar por delante”

El hombre sin nombre ha visto esa mirada muchas veces en el lejano oeste en la cara de cada rival con quien se batía en duelo. Ambos sabían lo que iba a pasar.

leone_algo_que_ver_con_la_VIDAPero aunque California es el oeste americano, la situación era real. El trozo de queso se atravesó en la garganta de un hombre, así que Clint vio que la situación pintaba mal, le dio al hombre tres buenas sacudidas y expulsó el trozo de queso. Después le dio un gran vaso de agua con un gran limón exprimido. Clint le salvó la vida.

Básicamente, lo que Clint hizo fue la maniobra de Heimlich, un procedimiento de primeros auxilios para desobstruir el conducto respiratorio. Algo que deberíamos saber hacer todos, cultura de la seguridad general. Algo que ver con la vida.

Porque amig@, debes saber que los tipos duros también bailan (y saben hacer la maniobra de Heimlich):

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