Coger el 2011 por los cuernos

Me gusta mi tierra.

Actualmente estoy trabajando en el Noroeste de la provincia de Murcia, en un pueblo llamado Calasparra, cerca del límite con la provincia de Albacete.

Desde hace unos 8 meses, allí me dedico a lo que venía haciendo más o menos en mis anteriores aproximadamente 10 años de experiencia profesional. Bueno, lo mismo, lo mismo, en realidad no hago. Si he llegado a la conclusión de lo que voy a explicar en esta entrada es precisamente porque algo de diferente hay entre mi experiencia actual y etapas anteriores.

No sé si la diferencia está por trabajar para una empresa alemana, por trabajar en un proyecto singular de actividad diferente (energías renovables) o porque uno realmente está cambiando (dejémoslo así). O por una mezcla de todo ellos y algún elemento más.

Lo que estoy viendo, en pocas palabras, es la influencia en la empresa española de unos factores que deforman los procesos productivos y limitan de forma definitiva la calidad del producto final. Me estoy refieriendo a nuestra barroca Administración Pública y el surrealista entramado legislativo del país. Somos unos artistas.

En mi profesión y en el sector en que me muevo, puedo asegurar y aseguro que el desarrollo de profesionales en concreto y de las empresas en general, está ponderado enormemente por factores impuestos “por real decreto” que tienen poco que ver con la auténtica competitividad.

No se trata de sensaciones, conceptos intangibles,…. ese tipo de argumentos que para trasmitirlos se necesitan habilidades literarias que no tengo. Por suerte no es necesario recurrir a ello porque se pueden identificar, de forma concreta, condicionantes impuestos por la Administración y la legislación que suponen toda una intromisión en aspectos que pertenencen a la empresa y al criterio de los profesionales. Ahí van unos cuantos ejemplos:

  1. Imposición de documentos de gestión y establecimiento de criterios de contenido y forma muy específicos.
  2. Introducción de profesionales, puestos de trabajo concretos, con funciones y responsabilidades concretas. Puestos con funciones de control que tienen su razón de ser en la desconfianza que generan las empresas. Es el pez que se muerde la cola.
  3. Diseño de programas formativos. Y digo diseño, en toda la extensión de la palabra, que es la tendencia adquirida especialmente por convenios colectivos que establecen el contenido, duración, medios necesarios. Por establecer, se establece hasta la documentación que va relacionada con el registro de la formación. Todo un servicio de consultoría externa gratis!!!.
  4. Introducción de trámites de dudusa necesidad y eficacia.
  5. Definición de funciones y responsabilidades.

Las consecuencias de todo ello va más allá de la pérdida directa de tiempo y medios, para intervenir en los pilares básicos de la empresa: La desviación de la trazabilidad en los procesos por la introduccion de criterios que afectan a una estructura competitiva; La concepción del cumplimiento de legislación como un fin en sí mismo, muy alejado de objetivos de competitividad y calidad reales; El entorpecimiento -casi incompatibilidad- a la hora de cumplir requisitos establecidos en normas de gestión de reconocido prestigio y aplicadas por empresas en todo el mundo.

En su concepto, el sistema es meter un dedo en el ojo de conceptos como I+D , mejora contínua o gestión del conocimiento. Casi nada.

Tal es el nivel de diarrea legislativa que hasta las propias normas realizan intromisiones en otras normas de igual o superior rango. Es como darle un bofetón a un hermano porque el padre ha llegado borracho a casa, otra vez.

La Administración contenta y las empresas teledirigidas hacia un estado que me recuerda a la película “alguien voló sobre el nido del cuco”.

Este es sólo uno de los lados del polígono irregular de nuestra íntima crisis.

Esto cómo se arregla?

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