El giro de la construcción hacia la sostenibilidad

Hace meses que se empezó a observar el creciente interés de la construcción, a través de organizaciones representativas del sector, por conceptos como sostenibilidad, medio ambiente o eficiencia energética. Circunstancia esta que dejé reflejada en este post allá por abril de este año.

Meses después, la evolución de los acontecimientos va en la dirección de confirmar la sospecha que formulaba en ese post de abril: Que el giro de la construcción hacia la sostenibilidad y responsabilidad es una herramienta para resolver la complicada situación que atraviesa este sector muy particularmente.

La construcción, englobando todos los agentes que la forman (promotores, constructoras, Administraciones competentes y hasta los propios profesionales) ha ignorado -salvo puntuales excepciones- toda política de sostenibilidad y responsabilidad social. Esto ha ido acentuándose estos años atrás conforme el sector tanto creció. El resultado ha sido catastrófico en multitud de lugares a lo largo de España.

Hoy, el sector da un giro y alude a su obligación con el medio ambiente y la sociedad para subsanar la pobreza energética. Pobreza energética por cierto a la que contribuyen las viviendas antiguas por motivos más o menos justificados, y también construcciones de muy reciente creación por motivos mucho menos justificados y de los cuales es responsable el propio sector.

El pasado reciente de la construcción hace desconfiar del resultado que pueda dar un sector tan insolvente.

Además, es errónea la forma en que el sector se posiciona en su nueva misión, concibiendo su política sostenible y responsable como un medio circunstancial para mejorar en cifras de producción o desempleo. Cuando debieran considerarlos un fin en sí mismo (tal y como establecen la mayoría de empresas en sus estatutos, por cierto), sin tener que justificarlo en el cumplimiento de reales decretos del Gobierno.

Hay muchos artículos en que se alude a un aporte de innovación y desarrollo del sector al campo de las energías. Esto no es cierto. Lo que fomenta la construcción con su campaña es el consumo de materiales innovadores. Esto es bueno, pero no es innovación. La construcción podría innovar si aportara un valor añadido mediante colaboración con empresas y organizaciones que sí conocen la tecnología en su fase de ingeniería. Esto tampoco ocurre.

Es lícito defender y fomentar el progreso de una actividad. Más que lícito, es una responsabilidad. La construcción debe hacerlo a partir de una revisión de fondo de su estructura de sector, la profesionalización de su personal y la calidad de su producto. Trabajo hay.

De ese modo, su actividad será realmente sostenible y responsable en sí misma.

Seguiremos siguiendo el asunto.

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