¿Qué bien se está en el pueblo?

En las áreas rurales se da la paradoja de que los niveles de eficiencia energética en las edificaciones, la calidad del aire en la atmósfera y el acceso asequible a energía son más deficientes que lo que sugiere la cercanía con la naturaleza.

Esto tiene tres causas que

sabemos desde hace años, sobre todo los que hemos vivido en el pueblo:

  1. Las casas de los pueblos, por lo general, son viejas. Sus características dificultan el uso eficiente de la energía y elevan el consumo.
  2. La energía consumida (en las viviendas y en la actividad agrícola y ganadera) proviene de un mix de combustibles muy contaminantes.
  3. El acceso razonable a la conexión con redes de suministro menos contaminantes (gas) es limitado.

Y así lo refleja este este informe de una influyente organización europea sobre energía en el medio rural (FREE – Future of Rural Energy in Europe).

No lo dice directamente el informe, pero existe también un factor cultural y de educación: La poca sensibilidad medio ambiental de la propia gente del campo. Creo que precisamente por la accesibilidad y uso incontrolado de recursos naturales, la falsa sensación de absorción infinita de nuestros residuos, etc..

A pesar de todo esto, más o menos sospechado, me ha dejado pensativo un dato del informe según el cual la diferencia de la calidad del aire de las áreas rurales respecto de las urbanas se está reduciendo, encontrándose cada vez más concentraciones peligrosas de ozono, óxidos de nitrógeno, óxidos de azufre y materia particulada.

La situación es crítica. Suena fuerte e increíble cuando uno va paseando por aquí, por ejemplo:

aragon
Entorno de Ontinar de Salz (Zaragoza)

Pero es así: Si seguimos así, el “me voy al pueblo a respirar” será pronto más argumento de un cuento legendario que de los planes para el fin de semana.

Qué harán las administraciones?.

Hasta tal punto llega el problema, que el medio rural se ha convertido en un objetivo específico dentro de las estrategias europeas 2020 de desarrollo sostenible. Ya se han iniciado muchas acciones que ya se van viendo:

  • Acceso a nuevas fuentes de energía eficientes y menos contaminantes, tanto a nivel doméstico como municipal, especialmente energías renovables;
  • Fomento de la renovación de edificios para subsanar su pobreza energética;
  • Facilidades financieras y ayudas a la inversión;
  • Fomentar planes municipales que equilibre uso de recursos con el medio natural.
  • Etc..

Qué puedo hacer yo?

Hay también acciones concretas dirigidas a la educación y la cultura de las personas. Y creo que es este el punto clave de todo ello: Por encima de todas las inversiones en otras medidas, la conciencia personal respecto de la naturaleza es el factor clave para que todo funcione bien y cambie la tendencia.

Esto es muy complicado y para demostrarlo voy a poner un ejemplo:

En septiembre, recordareis, os estuve relatando por capítulos mi viaje en moto hasta Güssing (“el Silicon Valley de las energías renovables”). El viaje en moto, supuso la emisión a la atmósfera de unos 504 kgs. de CO2 que prometí subsanar.

Esta semana, he plantado varios árboles (6 nísperos, 1 castaño, 2 plantas de bambú) que si los cuido y consigo que vivan unos 10 años como adultos, habrán absorbido aproximadamente el CO2 que generé en ese viaje.

Ahora, falta pues cuidarlos. Y plantar los árboles para compensar el resto de kilómetros que hago el resto del año, y el consumo de la electricidad, del gas que calienta el agua,… Necesitaré un bosque al final de mis días!.

Está claro que buena voluntad no es por sí sola suficiente. Tampoco lo serán los avances técnicos si no van acompañados de un cambio de actitud. Sólo el progreso de ambos -educación y tecnología- permitirá algún día vivir en equilibrio con la naturaleza.

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