Güssing, la ecociudad del futuro

En una de las revistas que las compañías aéreas ponen a disposición de los pasajeros en los vuelos, encontré el artículo que reproduzco en este post sobre la ciudad austríaca de Güssing. De cómo esta localidad desarrolló a partir de los 90 un sistema energético sostenible a partir de fuentes renovables que sustenta hoy la realidad de la región en todos sus aspectos.

Está escrito por Max Kreutzer en la edición de Abril 2012 de la revista “Ling Magazine“, de la compañía aérea Vueling.

Os dejo con él. Es alucinante.

La ecociudad del futuro ya existe.

Cincuenta años al borde del telón de acero marcaron la historia de Güssing. Esta localidad austríaca, a menos de una hora de Viena y a tan sólo 8 kilómetros de la frontera con Hungría, sufrió las consecuencias de esa división política que se produjo en Europa tras la II Guerra Mundial. Malas infraestructuras de transporte, escaso desarrollo industrial, desempleo, la renta per cápita mas baja de todo el país, altas tasas de emigración,… son algunas de las consecuencias de este aislamiento al que se vio sometida la ciudad y toda la región a la que pertenece, Burgenland.

Todo empezó a cambiar cuando cayó el telón, el de acero, que contribuyó a situar esta región en el centro de Europa y no en uno de sus extremos, como había estado hasta ese momento. Además, por tratarse de una de las zonas más desfavorecidas, la incorporación de Austria a la Unión Europea significó la llegada de fondos procedentes de las partidas de ayuda al desarrollo rural.

Como sucede en tantas historias, lo que hizo que el cambio en Güssing fuera posible fue que las personas adecuadas se encontraran en el momento y sitio idóneo. En 1992, Peter Vadasz fue elegido alcalde de Güssing. Una de sus primeras actuaciones consistió en la puesta en marcha de un estudio económico y medioambiental de la ciudad. Para ello, buscó el asesoramiento del ingeniero Rheinhaard Koch, vecino de Güssing muy interesado en el desarrollo de las energías renovables.

“Una de las primeras conclusiones de este estudio fue la dependencia total de energías procedentes de combustibles fósiles, muy baratos en aquellos años” explica Koch, hoy director del Centro Europeo de Energías Renovables de Güssing. La mayoría de las casas de la región se calentaban con gasoil o carbón que había que comprar fuera. Al mismo tiempo, recursos disponibles en la zona, como explotaciones forestales, restos de podas o ensilaje de maíz, no eran explotados como se podría, y mucho menos utilizados como fuente de energía.

A 6 millones de euros ascendía el coste cada año de las facturas de los combustibles derivados del petróleo. Como el Ayuntamiento no disponía de ese dinero, una de sus primeras medidas fue ordenar que todos los edificios públicos dejaran de usar combustibles fósiles. Fue el primer paso de una estrategia encaminada al uso de recursos locales para la producción de energía. “El objetivo”, dice Koch, “era que ese dinero permaneciese en la región, que se explotasen los recursos locales, que se crearan nuevos puestos de trabajo, que se redujera dependencia del petróleo y que disminuyeran las emisiones de CO2”.

El fin último era crear un modelo económico sostenible basado en las energías renovables, y con ese objetivo Vadasz y Koch se pusieron manos a la obra: el primero, al frente de la decisión política que debía iniciar ese movimiento, y el segundo, como responsable técnico para implantar la idea. Las primeras medidas consistieron en la renovación de los sistemas de calefacción de los edificios públicos y el cambio del alumbrado de las calles. Poco a poco, la ciudad se fue concienciando y algunos de sus habitantes, los que tenían terrenos, comenzaron a explotar sus plantaciones de bosques para convertir la madera en fuente de calor. Y una cosa llevó a la otra: se creó un sistema logístico de transporte de madera.

Las primeras plantas de calefacción colectiva con madera fueron instalándose en los alrededores del pueblo, cuyos habitantes veían el funcionamiento, lo que incrementaba la credibilidad en la tecnología y empezaba a crearse un sentimiento de seguridad y confianza entre la población. Sin embargo, todavía había muchos incrédulos a los que convencer sobre las ventajas de este nuevo sistema. “El petróleo era barato, la calefacción por gasoil se consideraba algo moderno y eso de volver a calentar las casas con madera, y especialmente recuperar de alguna manera el oficio del leñador, era visto como algo antiguo y obsoleto”.

Todo este movimiento propició que la Universidad Técnica de Viena desarrollara, en 1998, una tecnología innovadora en Güssing que dio lugar a una planta transformadora que convierte la biomasa en gas de calefacción o en biocombustible. Esa biorefinería es hoy en día una de las piezas centrales, pero en total existen ya más de 20 centros de generación de energía e. incluso, una estación de servicio de biogás.

Hoy, veinte años después de que diera comienzo esta pequeña revolución verde, Güssing (4000 habitantes) es el único municipio de la Unión Europea que ha reducido sus emisiones de efecto invernadero en más de un 95 por ciento. Además, ha desarrollado toda una industria de renovables que ha creado más de 1000 puestos de trabajo y que generan energía a partir del sol, maíz, estiércol, serrín y desechos agrícolas. La principal fuente de energía es la madera, pero, según los datos municipales, sólo se emplea un tercio de los árboles que se reforestan cada año. Es decir, que cada vez hay más árboles en Güssing.

Además, la utilización de recursos locales ha dinamizado toda la actividad económica, desde la agricultura a los servicios, y como crea más energía renovable de la que necesita, la venta de este excedente genera alrededor de cuatro millones de euros en ingresos para las arcas municipales. Al controlar el Ayunamiento los precios de la energía, ha podido no sólo ofrecer energía un 30% más barata a los vecinos, sino ofertar rebajas a las empresas para que se instalen en el pueblo, lo que ha creado también empleos adicionales. La UE calcula que esta fórmula de desarrollo, que atrae cada año a unos 30.000 turistas ecológicos, supone un valor agravado de casi 19 millones de euros que revierte en toda la comarca año tras año.

Güssing, capital de un distrito de casi 30.000 personas, se ha propuesto como objetivo que en 2015 toda su comarca sea autosuficiente. Ahora, la generación de energía renovables cubre el 60% del consumo.

8 thoughts on “Güssing, la ecociudad del futuro”

  1. Hace unos días echaron en la televisión alemana (BR) un reportaje sobre este tema. A las fuentes de energía que tu comentas, añadían las minicentrales hidroeléctricas. Muy interesante, sobre todo el diseño estandar de mini turbina hidroeléctrica perfectamente integrada en el medio. Cuántos metros de desnivel hay entre Zaragoza y los pirineos? Cuánto se ha invertido en mejorar la red hidroeléctrica en las cuencas que discurren por Aragón en los últimos años?

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